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Testimonios

En esta sección, podrás contar tu historia y cómo hemos de enfrentar este padecimiento. A su vez, podrás también encontrar testimonios de cómo la psicoterapia y el tratamiento en Kalma Perú resultó muy beneficioso para cada uno.

Te invitamos a contar tu historia y si tienes una envíala a atención@kalmaperu.org y la subiremos, ya sea anónima o con nombre; la idea es que nos ayudes a ser luz en las tinieblas.


María Nazarena Rodríguez - 20 años
En Kalma-Perú / Psicólogos Especialistas hablamos con Nazarena Rodríguez y nos permitió usar su testimonio para beneficio de ustedes, para saber que la lucha contra la ansiedad y depresión esta en pie y la vamos a ganar. Disfruten esté maravilloso artículo y gracias @nazarena por ayudarnos a ver que está situación no es para avergonzarse, sino para sentirnos más valorados y que ir a consulta nos ayuda a ser mejores.


NO SOY DE HACER ESTE TIPO DE PUBLICACIONES, PERO SENTÍ GANAS Y BUE...
A muchos les puede parecer chistosa, ridícula, o morbosa la imagen. Pero estoy cansada de ocultar una parte de mi vida, o que piensen que yo no me junto con amigos porque soy "mala onda", que falto a clases porque "no tengo ganas de ir", que a veces no me río porque "soy simpática cuando me conviene", que no como porque "quiere ser flaca", que soy "rara", la "consentida de los profesores" y así tantas cosas.
Voy a contarles quién es la chica que está sonriendo en la foto: me llamo María Nazarena Rodríguez, tengo 20 años. Tengo una familia grande: mamá, papá, 5 hermanos, un cuñado y un sobrino. Más todos los parientes que son muuuuchos, y somos unidos.
Me gusta salir, disfrutar con amigos, bailar y tomar alcohol.
Me gusta mucho cocinar, comer cosas ricas, sobre todos cosas dulces. Me gusta leer, ver películas, salir a caminar, ir al gimnasio. Me gusta pasar tiempo con mi familia, sobre todo con Valentino, mi sobrino y ahijado, llevarlo a la plaza, a tomar helado, ¡llenarlo de maña!
Me gustan las vueltas en auto y también los paseos caminando. Me gusta salir de compras, de cualquier tipo, no sólo ropa y zapatos. Soy sencilla, no me fijo en lo que llevan puesto los demás, no me interesa la plata, ni mucho menos agradares a todos. Me gusta sonreír a las personas, aunque no me conozcan, Me gusta reír hasta que me duela la panza. Me gusta el sol, mirar el cielo, contemplar la luna y las estrellas.
Me gusta ayudar a la gente, y hacerlos reír. Digo lo que pienso, lo cual a veces me hace pelear con las personas, sobre todo con 2 de mis hermanos. Quiero ser maestra jardinera, me gustan muchos los niños chiquitos.
Actualmente, cuido a un bebé de casi 2 años, ayudo a mi abuelo a mantener activa su mente, hago las tareas de la casa, voy al gimnasio, curso y estudio una carrera que no me gusta y formo parte de un grupo de la Iglseia.
Ahora les cuenta quien es la chica de la otra foto, la que tiene cara de miedo y llora. La que se paraliza y pierde la noción de tiempo y lugar. La que tiene ataques de pánico.
También se llama María Nazarena Rodríguez, y también tiene 20 años. Ella vive en mi desde que soy chiquita pero se hizo sentir cuando tenía 16 años.
Se robó mis amigos, y con ellos, todas las salidas. Se robó mis dos últimos años de secundaria, mi primer día de sexto. Se llevó mi sonrisa, y mi risa. Se llevó mis ganas de vivir, el placer por ver el cielo, los arboles, Se llevó los paseos,caminando o en auto.
Me robó la posibilitad de disfrutar en familia, de comer algo tranquila, de cocinar.
Me robó tiempo con Valentino.
Me robó la respiración, causándome mucho miedo a morir.
Trajo con ella muchos dolores: panza, cabeza, espalda, piernas, me trajo problemas en los ovarios y una gastritis crónica con una bacteria, la cual me provoca muchos dolores y es ahí cunado más me visita esta muchacha que no me deja vivir en paz.
Se robó mi relación con Dios.
Se llevó la carrera que quería estudiar.
Le robo todo su tiempo a mi mamá, porque esta chica quiere que ella la cuide.
Se apoderó de mi pijama y de mi cama, ¡le gusta tato pasar el tiempo así! Mientras ve que los demás disfrutan, viven, se sienten felices.
Me trajo tantas lagrimas y llantos.
Después de pasar por tantas terapias, psicólogos y medicamentos, (SI, TOMO ANSIOLÍTICOS Y ANTIDEPRESIVOS ¿Y QUÉ?) Logré que no me molestara tanto esta pequeña traviesa, y comencé a ¡vivir! Recuperando la mayoría de las cosas que perdí, y encontrando otras mucho mejores.
Ahora disfruto de cada pequeña cosa que pasa a mi alrededor, el cielo, las flores, los pájaros.
Respiro y es la gloria. Termino de hacer gimnasia y soy poderosa. Recuperé mi relación con Dios, y soy extremadamente feliz por eso.
Salgo de cursar y soy fuerte. Salgo de compras y de paseo y soy feliz. Escucho música y bailo. Como y disfruto. Río y sonrío.
Pero todo es una rueda. La mayoría de los días soy la chica de la foto que sonríe, y algunas veces, la chica de la foto que llora.
Por seguir viviendo así, entre las dos chicas, me siento una "chica superpoderosa". Sé cómo salir de los momentos tristes y sé disfrutar delas pequeñas cosas. Así que tengo que agradecer a las dos, por enseñarme a vivir y alejar a las personas y situaciones que no tenían que vivir en mi.
Ahora sí, un pedido especial: sean cuidadoso con las palabras que utilizan, en cómo tratan a los demás, y nunca hablen sin conocer la situación de una persona.
Todos tenemos nuestras luchas, por eso, seamos mas inclusivos, con todos y en todos lados.
Así construiremos una sociedad unida e igualitaria, donde reine el amor y la comprensión.
Todos podemos ayudar desde el lugar en dónde estamos.
Por 

Desde muy joven, mi mente siempre ha estado atrapada. Me inundan pensamientos intrusivos. Las imágenes y las ideas se transforman en preguntas angustiantes —“¿Dejé la estufa encendida?”, “¿Y si no cerré la puerta con llave?”, “¿Qué pasa si pierdo el control y me torno violento?”—. Estos cuestionamientos recorren mi cabeza en un ciclo sin fin.

Para lidiar con este problema, busco constantemente calmarme repasando mis movimientos, tratando de remplazar mis pensamientos o usando la lógica para descartar lo que es totalmente ilógico. Sin embargo, todos esos esfuerzos fracasan y, en cambio, le dan fuerza a la idea, la resucitan como a un zombi al que se le inyectaran esteroides, y la vuelven más brutal, resistente y cruel.

Así es vivir con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), un desorden de ansiedad que aflige a casi el dos por ciento de la población. Con el TOC, el cerebro hace cortocircuito, lo que provoca que no funcione adecuadamente y reaccione a imágenes, elucubraciones y pensamientos perturbadores. El afectado intenta controlar su ansiedad con rituales compulsivos, que incluyen verificar las cosas de manera excesiva, contar, repetir una oración o un mantra y recurrir a constantes consuelos mentales que dan alivio a corto plazo, pero al final se convierten en paliativos adictivos que detonan un ciclo interminable de tortura.

El TOC a menudo se ha malinterpretado, diagnosticado incorrectamente y explotado como una serie de excentricidades entretenidas para personajes hollywoodenses. Desearía que mi TOC fuera tan divertido y encantador como el que vemos en Monk.

No es así.

En determinado momento de mi vida, experimenté una serie interminable de pensamientos tormentosos sobre el sexo, abrumado por visiones de todas las variantes, asociaciones y formas viles imaginables. Visiones que harían que Calígula se sonrojara.

En esa etapa, inevitablemente comenzaron a abrumarme sentimientos de culpa, asco y vergüenza. Aparecía la inseguridad y me preguntaba: “¿Qué persona enferma podría imaginar este tipo de cosas? Desde luego que hay algo mal con mi cabeza”.

Heme aquí: soy una persona inteligente, moral y responsable, consciente por completo de que esos pensamientos son irracionales. Sin embargo, debo realizar rituales ridículos para tratar de sentir seguridad y alivio.

Lo considero una broma enfermiza de Dios.

“En los cerebros de todas las personas surgen ideas dementes de manera natural”, me dijo Steven Phillipson, experto en el trastorno. La gente imagina que salta frente a un tren, que asfixia a su hijo o que comete cualquier otro acto violento, sexual y blasfemo. Todos tienen este tipo de pensamientos pero, “sin el TOC, la persona rechaza estos inventos del cerebro”, me explicó, y el suceso mental se olvida después de tres segundos. No obstante, para quienes sufren el TOC, es un “tsunami de angustia emocional”.

Phillipson compara el TOC con un mejor amigo que desea protegernos desesperadamente, pero nos advierte sobre amenazas que nunca son legítimas.

Es claro que necesito un nuevo mejor amigo.

La mayoría de la gente no supondría que hay pensamientos perturbadores que me torturan constantemente. He conducido programas de televisión en vivo y he dado discursos frente a grandes audiencias. Durante la prueba de admisión a la Facultad de Derecho, algunos amigos de la universidad se sentaron a mi lado porque dijeron que les transmitía calma. No tenían idea de la tormenta interna que siempre está azotando mi mente.

En cuanto a poner mis ideas y temores en acción, debo decir que no lo hago: quizá soy el hombre más aburrido del planeta. Estoy casado y tengo hijos, no bebo ni peleo en los bares. Eso tiene sentido. “Los pensamientos del TOC no dicen absolutamente nada sobre la naturaleza de una persona”, comentó Phillipson.

David Adam, autor de las memorias The Man Who Couldn’t Stop, me dijo: “El TOC complica todo”. Su libro describe cómo enfrentó su propio trastorno, que lo hacía sentir un temor intenso e irracional de contraer VIH. Estuvimos de acuerdo en que el TOC, como todos los padecimientos mentales, no es una musa artística ni un don creativo, sino una situación injusta sin beneficio alguno. Aunque compara su condición con ser un alcohólico en recuperación, Adam tuvo la suerte de ser capaz de tratar su TOC y escribir dos libros después de someterse a una terapia conductual llamada exposición y prevención de la respuesta.

Este es el tratamiento más exitoso para el TOC y requiere exponerse repetidamente a pensamientos espantosos sin ceder ante el alivio a corto plazo que proporcionan las acciones compulsivas. La clave es reconocer que no puedes superar mentalmente el trastorno ni vencerlo con argumentos racionales ni escapar de él. Debes tomar la decisión voluntaria de confrontarlo. Es como invitar al payaso Pennywise, el demonio de la novela Eso de Stephen King, que se alimenta de tus miedos a tomar el té. Si estás obsesionado con los gérmenes y la contaminación, por ejemplo, debes abandonar las compulsiones relacionadas, es decir, usa baños públicos y trata de no lavarte las manos en repetidas ocasiones. Elige darle la bienvenida a la amenaza. Al final, tu cerebro se acostumbra e incluso se aburre de la amenaza, pues se da cuenta de que no hay nada que temer.

Phillipson dijo que la gente primero debe perdonarse por sufrir el TOC. Si todos tuvieran cerebros que se averían, todo el mundo se comportaría exactamente como nosotros. Además, desaconsejó el uso de ideas negativas y, en su lugar, propuso aceptar la “advertencia de nuestro mejor amigo” para después elegir ignorarla. “El objetivo del tratamiento es procurar que los pensamientos sean irrelevantes, no hacer que desaparezcan”, señaló.

El TOC me ha agotado. Estoy cansado de sufrir. Ahora practico el método de exposición y prevención de la respuesta, por lo que me expongo voluntariamente a mis miedos. Es aterrador y a menudo insoportable, como caminar en medio de un ejército de monstruos sin escudo ni espada, sino armado únicamente con mis creencias y una convicción absoluta.

Al mismo tiempo, me estoy esforzando por abandonar la vergüenza y la culpa que me provoca este trastorno de salud mental, con el fin de poder aceptar al “mejor amigo” que jamás pedí.

Por Andrea C. (23 años)

Desde muy chica, he tenido problemas que han mermado mi carácter y mi tenacidad por ser mejor cada día. Poco a poco iba viendo cómo las cosas que me causaban placer o satisfacción ya no tenían efecto. Al bordear los 17 años, sentí que esa situación desencadenó una profunda tristeza en mi provocando pensamientos negativos que no me soltaban y se apoderaban de mi mente y de mi cuerpo hasta el punto de no dejarme respirar.

Ya me encontraba secuestrada, producto de la apatía y mal humor. no quería estar ni con mi familia ni con mis amistades. Todo el mundo se cuestionaba qué me pasaba pues en meses atrás estaba bien (a la vista de ellos); sin embargo, la procesión va por dentro y mi batallar me llevo a una situación inexplicable que sentí que perdí la guerra contra mis pensamientos y me sentí derrotada.

Al tener pensamientos suicidas cada vez más recurrentes, mis padres me obligaron a ir a terapia pues yo no quería ir. La verdad no me gustó, pues iba a psiquiatras que lo único que hacían era darme medicinas, pero ¿alguien se preocupaba por mi pasado? en ese momento no me daba cuenta que con tal de solo contar lo que me esclavizaba iba a restablecerme.

Felizmente, mis padres fueron a una charla gratuita de Kalma Perú dentro de la Universidad del Pacífico sobre temas relacionados a cómo lidiar con la depresión de tu ser querido o algo así, y poco a poco ellos fueron capacitándose para saberme tratar en casa. No sé cuántas sesiones fueron. Lo único que sé es que ya no me decían palabras como "Levántate, tu puedes" o "solo debes salir de la cama y mejorarás" frases que me lastimaban en vez de hacerme bien. Y en parte me animó a poder ir nuevamente a terapia.

Ahora estoy ya 4 meses en el centro Kalma y siento que he mejorado tremendamente y a veces como que no sentía antes que tuviera esperanza, pero ahora sí. En Kalma me dicen que la recuperación en el tratamiento que llevo no se debe a ellos, se debe a mi, a mi perseverancia, pero realmente me siento en casa como para no dudar de ellos, pues siento que no me engañan o quieran lucrar.

Siempre me dicen que lo primero es la terapia y que psiquiatría es un complemento de la psicoterapia y a decir verdad me ayuda bastante haberme apoyado solo unos meses de los fármacos. el que no sabe cómo deben ser las terapias nos condenan a estar siempre con medicamentos cuando solo son temporales.

Mi historia como la de muchos, es que tengo ahora si fe de que puedo vivir, formar una familia y terminar de estudiar mi carrera. Tengo fe de qué seré mejor que una persona normal pues siento que la terapia me ha ayudado no solo a arreglar los problemas que desencadenaban mi depresión, sino que también a valorar mi familia y otros aspectos de mi vida.

Les recomiendo llevar terapia y no abandonar el tratamiento al segundo mes que muchos al sentir mejoría piensan que ya no deben ir. Pero es un tratamiento y les aseguro que deben confiar y ser responsables con ello, que la vida se nos puede ir sin darnos cuenta.

Al menos inténtenlo, yo en Kalma llevo terapia con las psicólogas, no solo con una, pues son como un equipo que siempre están pendientes de mí y si mi psicóloga principal que se llama Ruth se enferma o no me puede atender, me atiende Yazmín quien también es un amor de persona y de verdad me siento a gusto. encuentren dónde se sientan mejor lo importante es la terapia no el lugar... es donde sentirse cómodo.